Historia

Desde la antigüedad más remota el hombre siempre ha soñado con tener hijos y, pese a la infertilidad incurable en aquellos tiempos, ha procurado por todos los medios conseguir un heredero tan anhelado. La primera madre de alquiler conocida en la historia nació hace unos dos mil años antes de Cristo en la tierra árida de Canaán, cerca de Hebrón. He aquí lo que dice al respecto el Antiguo Testamento (Génesis 16), libro sagrado de los judíos, cristianos y musulmanes. Sarai, la esposa de Abram (Sara y Abraham se llamarán un poco más tarde), era infértil y le ofreció a su marido la esclava Agar para que le gestara un hijo.  Sarai dijo a Abram: “Ya que el Señor me impide ser madre, únete a mi esclava. Tal vez por medio de ella podré tener hijos”. Y Abram accedió al deseo de Sarai. En aquel entonces Abraham tenía 86 años, pero su edad venerable no impidió la concepción. En 1910 a. C. Agar dio a luz un hijo que recibió el nombre de Ismael. Sarai le sentó en sus rodillas como si fuera su hijo propio. Éste fue el primer niño nacido por medio de un programa de la llamada “gestación subrogada tradicional”. A propósito, de Ismael descienden todos los árabes que se llaman también ismaelitas o agarenos, por el nombre de la “madre subrogada” que ha gestado a Ismael. Es interesante que 14 años después del nacimiento de Ismael, en 1897 a. C. (el año de la destrucción de Sodoma y Gomorra) Sara consiguió quedarse embarazada de su marido legítimo, quien se preparaba para festejar su centenario, y dar a luz a Isaac.

El segundo programa de gestación subrogada, del que tenemos conocimiento, se desarrolló en la Mesopotamia sumeria a mediados del siglo XVIII a. C. Cabe destacar que en el reino de los sumerios la subrogación gestacional fue una práctica corriente, y más aún consolidada legalmente. El Código del rey Hammurabi (1792-1750), creado en 1780 a. C. y que fue el primero en introducir el principio de presunción de inocencia (uno es inculpable hasta que se demuestre lo contrario), disponía que la mujer estéril que quería tener hijos debía dar una esclava a su marido con fines de procreación, sin que éste pudiera buscarse a otra concubina, a menos que la primera no lograra concebir un hijo varón. Asimismo, el Código establecía “garantías sociales” para las madres subrogadas que tuvieran hijos, a las cuales que no se podía vender “por plata”.

Ley 144. Si uno tomó una esposa de primera categoría y si esta esposa dio una esclava a su marido y ésta ha tenido hijos, si el marido quiere tomar una nueva esposa más, no se le permitirá y el hombre no podrá tener otra mujer más.

Ley 145. Si uno tomó una esposa de primera categoría y si esta esposa no le dio hijos, y se le propone tomar otra mujer, tomará esta otra mujer y la llevará a su casa, pero no será igual que la esposa estéril.

Ley 146. Si uno tomó una esposa de primera categoría y ella dio una esclava a su marido, y si la esclava tuvo hijos, si luego esta esclava es elevada (en el aprecio del esposo) a igual categoría que la patrona por haber tenido hijos, su patrona no la venderá, la marcará y la tendrá entre sus esclavas.

Ley 147. Si la esclava no ha tenido hijos, la patrona la venderá por plata.

Por desconocer los nombres de otras madres de alquiler sumerias, vamos a considerar que la segunda fue Bilhá, sierva de la bella Raquel, la segunda esposa de Jacob, nieto de Abraham, que le dio dos hijos, Dan y Neftalí. El propio Jacob tenía entonces 85 años.

1 Now Sarai Abram's wife bare him no children: and she had an handmaid, an Egyptian, whose name was Hagar.

2 Pero Jacob, indignado, le respondió: "¿Acaso yo puedo hacer las veces de Dios, que te impide ser madre?".

3 Ella añadió: "Aquí tienes a mi esclava Bilhá. Únete a ella, y que dé a luz sobre mis rodillas. Por medio de ella, también yo voy a tener hijos".

4 Así le dio por mujer a su esclava Bilhá. Jacob se unió a ella.

5 y cuando Bilhá concibió y dio un hijo a Jacob.

6 Raquel dijo: "Dios me hizo justicia: él escuchó mi voz y me ha dado un hijo".

Por extraño que parezca, en programas de gestación subrogada a menudo ocurren cosas raras – después del nacimiento del niño gestado por la madre de alquiler o, incluso durante la gestación, se queda embarazada inesperadamente la  “arrendadora” del programa. Lo mismo pasó con Raquel: “Dios también se acordó de Raquel, la escuchó e hizo fecundo su seno”, después de lo cual ella dio a luz a José, uno de los personajes bíblicos más famosos.

Y la tercera madre subrogada fue Zilpá, la sierva de Lía, la primera y no querida esposa de Jacob. Tratando de conquistar el amor de Jacob, Lía le dio a luz cuatro hijos. Al poco tiempo perdió temporalmente la capacidad de concebir y Zilpá dio a Jacob dos hijos, Gad y Aser. Luego Lía se recuperó y Jacob tuvo con ella dos hijos más, Isacar y Zabulón, así como la hija Dina. En la Sagrada Escritura se trata de la llamada maternidad subrogada tradicional, cuando debido a la falta de las técnicas de reproducción avanzadas la gente se veía obligada a recurrir a la fecundación natural de la donante que a la vez era madre de alquiler. Sin embargo, desde el punto de vista legal esos niños se consideraban hijos de profetas bíblicos y sus esposas legítimas.    

La gestación subrogada fue una práctica habitual en la antigüedad. Basta decir que muchos faraones egipcios se servían de sus criadas para tener hijos. Se consideraba que los gobernadores del Antiguo Egipto descendían directamente de Ra, el dios del Sol. Para que la sangre divina no se mezclara con la de personas normales, el faraón se casó con su hermana. Claro está que, en caso de haber nacido, los niños procreados en ese matrimonio incestuoso no gozaban de una salud de hierro. Por ejemplo, Amemhotep I, el faraón del Reino Nuevo que gobernó en el siglo XVI a. C., no tenía un heredero y tuvo que recurrir a una esposa secundaria para procrear al futuro gran faraón Tutmosis I. A propósito, aunque los nacidos de concubinas se consideraban hijos del faraón, se veían menoscabados en sus derechos y sólo podían pretender al trono a falta de herederos más legítimos. Tutmosis I reinó durante 13 años, conquistó la mitad del mundo conocido entonces, trajo a Egipto a miles de esclavos pero... cuando en 1490 a. C. murió su esposa y hermanastra Ahmose, la hija de Amenhotep I, fue destronado por los sacerdotes. Asumió el poder su hija Hatshepsut, de 16 años, que se considera la primera reina en la historia del mundo. Llegó al trono pese a que Tutmosis ya tenía el hijo Tutmosis II, dado a luz por una esposa secundaria, e incluso un nieto nacido igualmente, el futuro gran guerrero Tutmosis III, padre de Amenhotep II. La monarquía egipcia se heredaba por línea “solar” femenina, así que el hijo del faraón, independientemente de su filiación, no podía ascender al trono sin haberse casado con su hermana o hermanastra.

En las Antiguas Grecia y Roma también fue una práctica muy extendida. Plutarco describe el caso de Deyotaro, rey de Galacia, una región que estaba situada en la parte central de Asia menor, y su esposa estéril Estratónica que personalmente seleccionó entre las prisioneras a la bella Electra para su marido y crió a los niños fruto de esta relación como a sus propios hijos, “con amor y una generosidad admirable”.

La maternidad subrogada tradicional, cuando la madre de alquiler es simultáneamente la madre biológica del niño que está gestando, hasta ahora se usa ampliamente en todos los países donde se permite el alquiler de vientres.
Existe una interesante leyenda india, según la cual en 599 a. C., pasados mil años después de los acontecimientos bíblicos citados, debido a una transferencia embrionaria nació el 24º tirthancar y último Buda jainista, Mahavirá (en sánscrito, “Gran Héroe”). Había sido predestinado a ser grande y nacer en una familia aristocrática perteneciente a la casta chatría (de los guerreros), la única que generaba personajes grandes. Pero Mahavirá decidió reescribir su destino naciendo en la casta brahmán (de los sacerdotes). Cambió su karma en la vida anterior a su nuevo nacimiento y se reencarnó en un feto en el seno de la brahmán Devananda. Una vez que los dioses se enteraron de ello, quedó embarazada Trisala, la esposa de un chatría. Al día 82 de la gestación, cuando ambas mujeres dormían abrazadas a sus maridos, los dioses les intercambiaron los fetos. Esta vez Mahavirá no tuvo otro remedio que nacer en la casta chatría que le había sido predestinada por los dioses y hacerse un tirthancar. Entre tanto, Devananda y Trisala que dieron a luz el mismo día, llegaron a ser las primeras mujeres en gestar niños ajenos, es decir, las primeras madres subrogadas en el sentido moderno de la palabra.

La institución de concubinas también fue conocida en la Europa medieval. Carlomagno que quedó viudo en el año 800, mantuvo relaciones amorosas con varias concubinas. La verdad es que los hijos nacidos de estas uniones se consideraban extramatrimoniales y, por tanto, ilegítimos. Sin embargo, ello no les impidió hacer una buena carrera – Drogon fue nombrado obispo de Metz, mientras que el hijo menor, Gugo, pasó a ser el abad de Saint-Quentin. Este hecho en mucho se debió a que su padre les había dado una educación excelente para aquella época.

El Santo Príncipe Vladimir I de Kiev (995-1015), que evangelizó el antiguo estado ruso y es más conocido como Vladimir el Sol Rojo, antes de convertirse al cristianismo tenía hasta 800 concubinas y estuvo casado con cinco esposas, incluyendo una princesa búlgara y la hija de un príncipe checo, pero en su afán de tener más hijos varones se relacionó con una monje griega, la viuda de su hermano Yaropolk. De esta unión en 978 nació el famoso Sviatopolk el Maldito. Vladimir le reconoció como su heredero, al tiempo que Sviatopolk insistía en que era hijo de Yaropolk (circulaban rumores de que Julia, la madre de Sviatopolk, ya estaba embarazada cuando murió Yaropolk). Fue precisamente Sviatopolk, nacido “de dos padres” como decían entonces, quien llegó a ser el Príncipe de Kiev tras la muerte de su padre, a despecho de que Vladimir tenía hijos más mayores y “legítimos” que Sviatopolk. Luego fue destronado por su hermanastro Yaroslav el Sabio.

Las diferencias culturales y religiosas no fueron un obstáculo para que en la Edad Media la maternidad subrogada tradicional se utilizara en China, Corea y Japón. Uno de tales casos que se hizo patrimonio de la historia está descrito en la película talentosa del célebre director coreano Im Kwon-taek que se llama de igual manera, “The Surrogate Mother”. La esposa de Li, heredero de una familia noble, era estéril y le ofrecieron como concubina a una chica campesina que aún no llegó a la mayoría de edad. Sea dicho de paso, la intérprete del papel de la joven madre de alquiler fue reconocida como la mejor actriz en el Festival de Cine de Venecia.

Las investigaciones en materia de fecundación artificial ya se están desarrollando durante varios siglos. En 1677 el inventor del microscopio Antoni van Leeuwenhoek estudió el semen humano y fue el primero en ver espermatozoides. Supuso que el espermatozoide es una suerte de semilla, al tiempo que el útero femenino sólo le crea un ambiente favorable para su “germinación”. En 1790 el eminente cirujano y venereólogo escocés John Hunter recogió en una jeringa caliente el semen de un comerciante con hipospadia y lo inyectó en la vagina de su mujer, realizando la primera inseminación artificial en la historia. El experimento resultó en el nacimiento de un niño sano ese mismo año. En 1880 se llevó a cabo el primer intento de FIV en conejos y conejillos de Indias, en este caso en el sentido pleno de la palabra. Dentro de 11 años el científico británico Walter Haupe realizó con éxito una FIV y transferencia de un embrión de una coneja a otra, haciéndola la primera “madre subrogada”. En la última década del siglo XIX el obstetra ruso Victorín Gruzdev (1866-1936) elaboró la teoría sobre la importancia de la madurez del óvulo para la fecundación y la probó en conejas. La técnica diseñada por Gruzdev llegó a ser prototipo de la GIFT (transferencia simultánea de gametos femeninos y masculinos a la trompa de Falopio).

A partir de los años 20 del siglo pasado en el tratamiento de la infertilidad empezó a utilizarse ampliamente la inseminación artificial con el semen del marido o un donante seleccionado especialmente.

La primera FIV de ovocitos humanos fue realizada en 1944 en Harvard por los ginecólogos J. Rock y M. Minkin que cultivaron un óvulo humano y lo fecundaron en un tubo de laboratorio, lo que se tradujo en el desarrollo de un embrión bicelular.

No obstante todos los logros alcanzados anteriormente, como los fundadores de la fecundación in vitro en el sentido moderno de la palabra son considerados dos científicos británicos, el biólogo Robert Edwards y el ginecólogo Patrick Steptoe. En 1967 Edwards consiguió el primer éxito en la fecundación in vitro de un óvulo humano. Sin embargo, el primer embarazo de un niño “ajeno” que desgraciadamente fue extrauterino sólo se produjo en 1976, después de nueve largos años de investigaciones y experimentos sin cesar. El 10 de noviembre de 1977, cuando el número de intentos fallidos de FIV ya superó la cifra de 600, los médicos transfirieron al útero materno un embrión de ocho células que resultó viable. Al fin y al cabo, el 25 de julio de 1978 en la pequeña ciudad inglesa de Oldham (condado de Lancashire) nació Louise Brown, la primera niña concebida in vitro. Es el día que puede y debe considerarse como la fiesta profesional de los embriólogos y expertos en reproducción. Se requirieron más de 600 intentos de FIV para que Louise Brown viniera al mundo. Usted puede conocer más detalles sobre este hecho y todo lo que le antecedió en el artículo de los propios embriólogos publicado en la revista The Lancet (Steptoe PC, Edwards RG. Birth after the implantation of human embryo. Lancet 1978; 2:366.)

La continuación no se hizo esperar. Dentro de un año, en 1980 en Melbourne (Australia) en el laboratorio de Carl Wood y Alex Lopata después de ocho años de intenso trabajo nació el segundo “bebé probeta”, esta vez un niño, mientras que en 1981 se realizó el primer programa exitoso de FIV en Estados Unidos.

En la Unión Soviética los experimentos de fecundación de óvulos fueron iniciados a finales de los años 60 por B. Leonov en Moscú y A. Nikitin en Leningrado. La primera “niña probeta” rusa Lena, procreada en el laboratorio de B. Leonov, nació en Moscú en febrero de 1986, manifestando el comienzo de la famosa “perestroika”. Pasados pocos meses, en Leningrado nació su “hermano” Cirilo.

El mencionado Borís Leonov estuvo en los orígenes de la FIV y, en general, de las técnicas de reproducción asistida en nuestro país. En los duros años del estancamiento brezhneviano cuando no había Internet ni otros medios de comunicación modernos y cuando al país a duras penas llegaban noticias desde el exterior, Leonov entendió la importancia y el valor de la información fragmentaria sobre los primeros intentos de FIV en el Occidente e hizo todo lo posible para comenzar el desarrollo de tales programas en este país. Prácticamente a partir de cero creó una nueva orientación en la medicina soviética. Sólo gracias a su energía creativa, enorme talento organizativo y don de persuadir se logró conseguir que el Ministerio de Salud aportara la gigantesca cantidad de 500 mil dólares para la constitución del primer laboratorio de FIV. Así que con toda razón Borís Leonov puede considerarse el padrino de los muchos miles de niños que han nacido como resultado de los programas que él ha diseñado y plasmado en la vida.

Tan sólo en los 30 años pasados desde el nacimiento de Louise Brown en el mundo han nacido más de dos millones de niños probeta.

En lo que se refiere a la maternidad subrogada como tal, este término fue acuñado por Noel Keane, un abogado de Míchigan, que en 1976 abrió la primera agencia de alquiler de vientres. Al principio sólo ofrecía programas de maternidad subrogada tradicional, utilizando un óvulo de la madre de alquiler fecundado con el semen del padre biológico. Debido a los esfuerzos del enérgico abogado, para el año 1988 nacieron 302 niños.

El primer programa coordinado de maternidad subrogada tradicional en Estados Unidos y en el mundo fue realizado en 1980 en Louisville con asistencia de la compañía Surrogate Parenting Associates, Inc. constituida un año antes por el Dr. Richard M. Levin. El proceso de pruebas médicas y coordinación de la documentación legal, previo al comienzo del programa, tardó nueve largos meses pero el embarazo fue conseguido en el primer intento y terminó con el nacimiento de un niño sano. Desde entonces Surrogate Parenting Associates, Inc. ha contribuido al nacimiento de más de 500 niños, mientras que el propio Dr. Levin ha llegado a ser una persona mediática, al igual que el abogado Keane.

En abril de 1986 en Ann Arbor (Míchigan) nació la primera bebé fruto de un programa de maternidad subrogada gestacional que consiste en que la madre de alquiler gesta un niño que no tiene ningún vinculo genético con ella. La niña fue concebida in vitro a partir del semen y óvulo de sus padres biológicos. La FIV se llevó a cabo en el centro médico Mount Sinai de Cleveland bajo la dirección del Dr. Wolf Utian. La madre biológica de 37 años de edad con el útero extirpado recurrió a su amiga de 22 años, madre de dos hijos, para que le gestara el feto. El programa se desarrolló bajo la supervisión del referido Noel Keane, y una de sus principales condiciones fue el mantenimiento de la confidencialidad total.

El primer programa de gestación subrogada ocurrido en el seno de la misma familia tuvo lugar en Sudáfrica en octubre de 1987, cuando Pat Anthony, de 48 años, gestó y dio a luz sus propios nietos para su hija Karen Ferreira-Jorge, de 25 años. Karen y su marido Alcimo ya tenían un hijo pero soñaban con tener otros tres más. Karen, a la que en 1984 se le extirpó el útero como consecuencia de una fuerte hemorragia posparto, pensaba que su sueño nunca se haría realidad. Al haberse enterado de la maternidad subrogada, los cónyuges seleccionaron a una madre de alquiler, pero luego tuvieron que desistir de sus servicios por el temor de que se quedara con el nacido. Fue entonces cuando Patricia se decidió a prestar su vientre e insistió en que se le hiciera una FIV. Le fueron implantados cuatro embriones de los once que se habían obtenido, tres de ellos resultaron viables y continuaron su desarrollo. El parto realizado mediante cesárea era filmado por un canal británico que había pagado 500.000 dólares por tener derechos exclusivos sobre este reportaje. A los nacidos les pusieron los nombres de David, José y Paula. De acuerdo con la Ley Child Status Bill vigente entonces en la República de Sudáfrica, la señora Anthony se consideraba la madre de los trillizos y, por tanto, tuvo que ceder la patria potestad a favor de su hija y yerno, que se vieron obligados a adoptar a sus propios hijos.

No son pocos los casos en que familiares han actuado como madres subrogadas. En el estado norteamericano de Carolina del Norte una mujer prestó el útero a su hermana que durante seis años siguió un tratamiento infructuoso contra la infertilidad, y en mayo de 1994 dio a luz un hijo. A Edith Jones, una británica de 51 años, fueron implantados dos embriones formados con óvulos de su hija que no podía gestar debido a una malformación congénita. En 2005 en Sudáfrica la cuñada de la cardiocirujana Susan Vosloo le dio a luz a las mellizas Nina y Laila.

Desde 1976 sólo en Estados Unidos han nacido más de 40.000 niños probeta que en su mayoría fueron engendrados mediante programas de maternidad subrogada tradicional. Hasta ahora se conocen 15 casos de madres de alquiler que se han negado a entregar el niño a sus padres biológicos. El caso más sonado, el de Baby M, tuvo lugar en Nueva Jersey en 1988, cuando la madre de alquiler “tradicional” Mary Beth Whitehead optó por quedarse con el bebé que venía gestando para la pareja de William y Elizabeth Stern. Después del parto la madre subrogada huyó con la niña a Florida, donde fue localizada por un detective privado contratado por los Stern y fue devuelta a su hogar. El Tribunal Supremo de Nueva Jersey reconoció a Mary Beth como madre genética de la menor, pero otorgó la custodia de Baby M a los Stern, concediendo a unque concedió a Mary Beth un derecho de visitarla de vez en cuando.

Sólo en cuatro casos las madres subrogadas han logrado ganar la batalla judicial y obtener la custodia de su hijo. También se ha dado un caso en que los progenitores han querido hacerse con sólo uno de los mellizos gestados por una madre de alquiler. Sin embargo, a solicitud de la portadora se le otorgó la patria potestad de ambos hijos, para no separarlos. Cabe destacar que frente a estos cinco hay más de cincuenta casos contrarios, en que los padres biológicos han renunciado a sus propios hijos nacidos mediante maternidad subrogada. Las principales razones de las renuncias son el embarazo conseguido por la pareja misma, el nacimiento de mellizos o trillizos en vez de un solo hijo, el sexo “incorrecto” del niño, defectos físicos o, simplemente, la falta de madurez. Sin embargo, un medio centenar de tristes casos no perjudica las brillantes estadísticas, ya que representa sólo un 0,125% del total de programas de gestación subrogada realizados con éxito.

A propósito, cada año en Rusia cerca de 50.000 madres dejan sus hijos en paritorios, lo que equivale a un 4% de los niños que nacen anualmente en el país.     

El primer programa de maternidad subrogada en el territorio de la ya extinta Unión Soviética se llevó a cabo en Járkov en 1995. Al igual que lo hizo Pat Anthony en Sudáfrica, una ucraniana se ofreció para gestar los óvulos previamente fertilizados de su hija nacida con una malformación del útero y, al haber dado a luz, llegó a ser madre y abuela a la vez.    

En Rusia el primer programa de gestación sustituta fue realizado en el mismo 1995 en el Centro de FIV adjunto al Instituto de Obstetricia y Ginecología de San Petersburgo de la Academia de Ciencia Médicas. Una de las primeras pacientes del centro fue una mujer joven, cuyo hijo nacido mediante cesárea murió un día después del parto, mientras que a la puérpera misma le tuvieron que extirpar el útero. El nacimiento de un nuevo hijo se convirtió en el objetivo de su vida. La joven tenía algunos conocimientos de los éxitos conseguidos en el extranjero gracias a la maternidad subrogada, pero en Rusia no había ningún médico especializado en estas técnicas, ni era posible encontrar a una madre de alquiler. Por un milagro, logró persuadir a su amiga de 24 años, aún soltera, para que gestara un niño por ella. El embarazo fue conseguido en el primer intento y, para mayor felicidad de la madre, una ecografía reveló la presencia de dos fetos. El embarazo fue tan duro que la portadora estuvo hospitalizada cinco veces para llevar a buen término la gestación. Como es frecuente, el embarazo múltiple terminó con un parto prematuro. Las mellizas nacieron un mes y medio antes de lo previsto, pesaban algo más de dos kilos cada una y eran absolutamente viables. Como compensación económica, a la ex gestante fue regalado un piso de tres habitaciones en San Petersburgo. Por cierto que las dos mujeres siguen manteniendo buenas relaciones y la que fuera madre de alquiler visita a menudo a las niñas que la llaman tía.

Ahora en Rusia funcionan varias decenas de clínicas, laboratorios y centros de reproducción especializados en fecundación in vitro. Aunque no hay estadísticas precisas, se puede decir con toda certeza que durante los 10 años que se lleva empleando esta técnica han nacido muchos miles de niños. 

Tampoco hay datos sobre los procesos judiciales relacionados con la maternidad subrogada en Rusia. Se conocen tan sólo tres acciones procesales.

En 2004 una pareja de Chitá contrató a una madre de alquiler que fue sometida a una inseminación artificial con el semen del marido. Nacido un niño, la mujer no le entregó a los cónyuges que, para ser justo, nunca presentaron una demanda contra ella. La madre subrogada reclamó una pensión alimenticia y la consiguió mediante un fallo dictado por el Juzgado de Chitá. Este es un caso clásico de una pareja que confía demasiado en sus propias fuerzas y cae en toda clase de errores: en vez de la inseminación artificial había que hacer una FIV utilizando óvulos donados para que la madre de alquiler no tuviera un vínculo biológico con el niño que iba a gestar. Y, por cierto, todos los compromisos e intenciones se debían formalizar por escrito.

Un proceso curioso tuvo lugar el 29 de noviembre de 2004 en el marco del programa televisivo “La Hora del Juicio”. El meollo del asunto fue el siguiente. Ana Dunaeva dio a luz un hijo con una afección cardiaca para el matrimonio de los Rybakov. Se desconoce si Dunaeva fue una madre subrogada gestacional o “tradicional”. Los esposos renunciaron al hijo alegando que “no les hace falta un niño enfermo”. Además, se negaron a abonar la compensación económica previamente pactada a la madre de alquiler. Ana interpuso una demanda contra los Rybakov para que le pagaran el importe total de la recompensa. Por sorpresa, el juzgado desestimó la demanda “partiendo de las recomendaciones del Consejo de Europa” de utilizar como madres subrogadas a hermanas, parientes cercanas o amigas de la mujer infértil y sólo indemnizarles “los gastos objetivamente razonables”. Como se dice, sin comentarios.

El juicio más divertido se celebró a finales de 2005 en un tribunal de Moscú. Una madre de alquiler prestó su vientre a una pareja de nacionalidad rusa. Estando en la Maternidad, la mujer dio su consentimiento para que los cónyuges fueran inscritos como padres en el Libro de Nacimientos. No obstante, luego decidió impugnar la filiación del hijo argumentando que sólo había dado su consentimiento porque “pensaba que iba a vivir con el padre del niño”. Huelga decir que dicha convivencia no entraba en los planes del padre. Por extraño que parezca (el art. 52.3 del Código de Familia ruso reza que la madre subrogada no puede impugnar la filiación, una vez que se haya inscrito en el Libro de Nacimientos), el juzgado hizo caso del recurso e incluso celebró varias audiencias sobre el asunto. Al fin y al cabo, este proceso no perspicaz  quedó archivado.

Habitualmente los padres biológicos no hacen gala de lo que su hijo ha sido alumbrado por una madre de alquiler, pero hay salvedades. La popular cantante Alena Ápina y su marido y productor Alexander Iratov se han hecho los “padres biológicos” más famosos del país. Desesperados por no tener descendencia, tuvieron que recurrir a una madre subrogada. Su hija Oxana fue gestada por una mujer con educación universitaria y vino al mundo a cambio de una jugosa remuneración. Después de que la pareja estelar se hiciera con el bebé, los padres y la madre de alquiler no volvieron a verse nunca más.

La no menos famosa Olga Slutsker, presidenta de la cadena de fitness World Class, recurrió a una norteamericana que se hizo madre subrogada de su hijo Misha. Las mujeres intimaron durante el período de gestación y siguen manteniendo los lazos de amistad entre sus familias.   

Sólo se puede aplaudir a aquellas personas mediáticas que hablan abiertamente de sus experiencias positivas con la maternidad subrogada. Así las cosas, nadie se atreverá a someterles a un chantaje económico amenazando con desvelar el secreto del nacimiento de sus hijos, puesto que no hay ningún secreto.

Las estrellas occidentales suelen ser más taciturnos en lo que se refiere a vientres de alquiler. En mayo de 2005 nació el segundo hijo de Sharon Stone, llamado Lair Vonne. El primero fue adoptado por la actriz junto a su ex marido Phil Bronstein. Según algunos rumores, Lair Vonne es el propio hijo de Sharon Stone que ha sido gestado por una madre subrogada de Texas. Aún se desconoce dónde se ha realizado la FIV y quién ha sido el donante del semen. La actriz ha tenido que adoptar al menor.

También es una incógnita el nacimiento de un heredero negro del Príncipe Alberto de Mónaco. Se cree que la azafata togolesa Nicole Coste pudiera intervenir como madre subrogada “tradicional”. El niño, llamado Alexandre Eric Stéphane, nació el 24 de agosto de 2003. Fue sometido a exámenes genéticos que confirmaron la paternidad de Alberto, tras lo cual éste le reconoció como hijo propio y regaló a él y su madre un apartamento en París y un todoterreno BMW, aparte de fijarles una pensión de 10.000 mensuales. Es poco probable que el niño de pelo rizado ascienda al trono de Mónaco (al menos que Alberto modifique la Ley Nº 1249 de sucesión al trono) pero en cualquier caso heredará la fortuna de su padre que se estima en más de 2 mil millones de euros, según los cálculos más modestos.

Una excepción fue Michael Jackson que anunció a todo el mundo que había recurrido a la maternidad subrogada para tener a su tercer hijo, Prince Michael II. A la hora de seleccionar a la madre, el “rey del pop” sólo se enfocó en su intelecto. El origen étnico, la edad y otros parámetros no tenían importancia alguna.

Los diseñadores Dolce y Gabbana también revelaron el año pasado su deseo de tener un hijo por medio de un vientre de alquiler. Sin embargo, no han resuelto todavía cuál de ellos será padre.

Cada vez con mayor frecuencia en los medios de comunicación aparecen noticias sobre nuevos “niños probeta”.

Una de las recientes historias más curiosas aconteció en Lexington (Kentucky) donde una pareja gay está criando a cinco hijos. He aquí cómo fue la cosa. En julio de 2002 la familia unida del abogado Michael Meehan, de 36 años, y el estilista Thomas Dysar, de 31 años, aumentó en cuatro bebés, tres niños y una niña. Michael fue el padre biológico de los cuatrillizos que nacieron nueve semanas antes de la fecha prevista. Fueron gestados por Verity Brooks, madre de alquiler de 23 años que fue a la vez la donante de ovocitos. Ambos padres estuvieron presentes en el parto. En enero de 2006 la misma mujer alumbró un hijo más. Esta vez fue Thomas el que recibió felicitaciones. En ambas ocasiones a Verity implantaron 4 embriones, pero en la última vez sólo sobrevivió uno. Los padres que tenían previsto emparentarse a través de los hijos insistieron en que los niños tuvieran la misma madre biológica. Después de cada parto la madre tuvo que renunciar a sus derechos sobre los menores en un plazo de tres días, en consonancia con la ley de Kentucky. Dado que los padres biológicos no negaban su paternidad, no tuvieron que adoptar a los hijos. El único problema era que dos padres no pueden ser inscritos simultáneamente en el certificado de nacimiento.

La estadounidense Teresa Anderson, de 25 años, se ofreció a gestar un hijo para Enrique Moreno y Luisa González, una pareja de inmigrantes mexicanos que iban a pagarle 15.000 dólares. Teresa recibió cinco óvulos fecundados y los cinco se desarrollaron. Así, a finales de abril de 2005 en Phoenix (Arizona) nacieron Enrique, Javier, Víctor, Jorge y Gilbert. Los quintillizos se encontraban en buen estado de salud, salvo uno que tenía problemas del corazón. Conmovida por lo que se le venía encima a la humilde pareja, Teresa se solidarizó con ellos y decidió no cobrarles.

El 14 de diciembre de 2005 en el Instituto de Infancia y Maternidad de los Urales una tal Tatiana dio a luz trillizos para su hermana Marina, a la que se le habían practicado dos transferencias embrionarias y ambas sin éxito. Entonces Tatiana, de 35 años y ya madre de dos hijos, se ofreció para ayudar a su hermana. Al nacer, dos niñas y un niño enseguida comenzaron a respirar por sí mismos, aunque el parto se produjo dos meses antes de lo esperado. Dentro de pocos días Marina dijo a la puérpera que no podría alimentar tantas bocas y le propuso recoger a los dos hijos que “sobran”. Como las hermanas pensaban que siempre se pondrían de acuerdo, sus relaciones no fueron formalizadas por escrito. Vaya, ¿así que éstas son las recomendaciones del Consejo de Europa?

En noviembre de 2005 se finalizó un interesantísimo programa de maternidad subrogada que no tiene análogos en Rusia y en el que fue empleado el semen de un padre biológico difunto. En 1996 Andrey Zajarov, de 19 años, tuvo que someterse a un tratamiento de quimioterapia en Israel. Como se recomienda, antes del tratamiento el joven dejó muestras de su esperma para que fueran crioconservadas. La terapia era poco eficiente y dentro de ocho años Andrey murió sin dejar descendencia. Para su madre, Ecaterina Germanovna, el nacimiento de un nieto se convirtió en el objetivo de la vida. El personal del Instituto de Medicina Familiar de Ekaterimburgo la ayudó a hacer realidad su sueño. El semen congelado de Andrey fue trasladado a Ekaterimburgo pese a los problemas con exportarlo – según las leyes israelíes, sólo la viuda puede disponer del semen de su difunto marido, y más aún si éste hubiera dejado la disposición correspondiente. No obstante, las autoridades de la Tierra Prometida accedieron a las súplicas de la infatigable mujer y le dieron luz verde para sacar del país todas las 25 probetas con el esperma de su hijo. Una vez que las muestras llegaron a Rusia, comenzó el programa de gestación subrogada con óvulos donados. El 16 de noviembre, en el Día de San Jorge,  nació el nieto de Ecaterina que medía 52 cm y pesaba 3.600 gramos. En honor del santo la abuela le dio el nombre de Georgi. La madre de alquiler recibió por sus méritos un apartamento en Ekaterimburgo. Ahora Ecaterina tiene la custodia de su nieto y está tramitando su adopción. Todavía no ha logrado que le reconozcan como su nieto, porque en Juzgados y Registros consideran que el único pariente del menor es la que le ha dado a luz. En este caso, es absolutamente ilegítima la denegación para inscribir a la abuela en el Registro. Aquí se debía cumplir el procedimiento siguiente: determinar la paternidad, para lo cual – de acuerdo con el art. 49 del Código de Familia - es suficiente que la persona que ostenta la custodia presente una solicitud y aporte pruebas que acrediten la filiación del niño. Una vez establecida la paternidad, Ecaterina será reconocida automáticamente como la abuela del menor. Entonces, si la mujer no se conforma con un solo nieto, le recomendaría contratar a abogados expertos.

En febrero de 2006 en Moscú se dio un caso singular ocurrido en la familia de los Nirov. Tras varios intentos fallidos de FIV, Svetlana afrontaba el último chance y, sin confiar en un resultado favorable, contrató a una madre de alquiler. A cada mujer se le implantaron dos embriones. ¡Ambas mujeres quedaron embarazadas y ambas tenían gemelos! Tanto Svetlana, la madre biológica, como Nadezhda, la madre de alquiler, dieron a luz varones que tenían la misma altura de 52 cm, sólo los de Nadezhda eran más gorditos.   

La británica Carole Horlock, de 41 años, mantiene el récord mundial como la madre de alquiler más prolífica. Su carrera profesional se inició hace trece años, en 1995. Durante este tiempo Carole ha hecho felices a nueve parejas, dando a luz  un total de 12 hijos – ocho niñas y cuatro niños. Su último programa de gestación fue encargado por una pareja griega que no pudo concebir debido a una histerectomía practicada a la esposa hace dos años. La mujer perdió para siempre la capacidad de quedarse embarazada, aunque sí podía producir óvulos. En 2007 fueron transferidos a Carole los tres embriones generados por los cónyuges. Sobrevivieron todos los tres. A la semana 35 de gestación la británica dio a luz trillizos. Este fue el único caso cuando Carole gestaba hijos que genéticamente no eran suyos. Todos los bebés anteriores fueron concebidos mediante inseminación artificial, es decir, su nacimiento se debe a programas de maternidad subrogada “tradicional” en los que la madre de alquiler se desprende de veras de su propio hijo.

Entre los embarazos Carole se tomó un descanso no superior a seis meses. Al comenzar el oficio ya tenía dos hijos propios. Como la legislación británica prohíbe la gestación subrogada con ánimo de lucro (la madre de alquiler sólo puede recibir el equivalente a los gastos que conlleva el embarazo hasta un máximo de 10.000 libras), las tarifas de Carole son del orden de 3.000 libras, según dice. Cuando la preguntan por qué lo hace, la súper madre responde con dignidad: “Simplemente me gusta estar embarazada”. Aunque Carole no se ha hecho de oro, sí ha ganado suficiente para comprar una granja en Bordeaux.

Missis Horlock no quiere pararse en lo que ha alcanzado y piensa intentar un nuevo embarazo antes de finalizar su carrera.

Bueno, sólo nos queda alegrarnos por los padres que han logrado tener descendencia tan esperada y por sus hijos a los cuales, por definición, les espera una vida llena de felicidad, cariño y amor. Cuanto más niños nazcan por medio de maternidad subrogada, más feliz y alegre será este mundo, más personas poblarán el planeta. No hay que olvidar que en Rusia durante los 10 últimos años la tasa de mortalidad supera la de natalidad. Según el Comité Estatal de Estadísticas, en 2003 nuestra población se ha reducido en 800 mil habitantes, en 2004 - en otros 700 mil.